EL COMIENZO


Toda historia tiene un principio, pero no vamos a ir hasta mis primeros recuerdos como si esto se tratara de una autobiografía ñoña. Vamos a retroceder en el tiempo, pero no tanto. Acompáñame.


Desde muy pequeña siempre me había apasionado el mundo de la tecnología y la informática.
Ya tenía quince años, hacía tiempo que tenía móvil, sobre todo para que mis padres pudieran localizarme cuando salía con mis amigos, y no hacía demasiado que habían salido al mercado los teléfonos móviles a color y con esa súper cámara de fotos de 0.2 megapíxeles. Había llegado la era de los mensajes multimedia.

Con lo que me daban mis padres todas las semanas, conseguí ahorrar un poco y me fui con una amiga a una tienda de telefonía móvil. Ya era hora de hacerme con uno de esos novedosos cacharros.

Al entrar, le pregunté a la chica que trabajaba allí, que cuáles eran los móviles más económicos que tenía y que se ajustaran a mi corto presupuesto. Me mostró dos y finalmente me decidí por el que tenía la pantalla más grande. Aquello pesaba más que mi cartera, pero eso no importaba, con él podría hacer muchas cosas nuevas y estaba deseando descubrirlas.

Siempre había sido una chica muy curiosa. Desde muy niña empecé a descubrirme sexualmente y de forma muy inocente, sin comprender qué era lo que me pasaba en realidad, sólo sabía que me gustaba lo que sentía. Como todas las personas, poco a poco fui creciendo y desarrollándome, y a su vez, entendiendo de qué iba toda esa historia.

Aún nunca había estado con un chico, o con una chica. Mi experiencia con otras personas era completamente nula y supongo que por eso, cada vez mi curiosidad era mayor. ¿Qué se sentía cuando te besaban? ¿Y cuándo te tocaban o te acariciaban? ¿Sería cierto eso que decían de qué dolía y sangraba la primera vez? Las preguntas se acumulaban en mi cabeza y no encontraba la forma de poder responderlas. ¿Ligar? No tenía ni idea de qué era eso.

Ya con mi nuevo móvil funcionando en mis manos, igual encontraba la forma de saciar un poco mi curiosidad.

Llegó la noche y se me hizo muy tarde mandando mensajes a mis amigos. En el canal de televisión que tenía puesto, empezó el típico programa estafa que todos conocemos y descubrí algo que no sabía. En ese programa había un chat en directo al que la gente enviaba un sms y aparecía en pantalla. Te puedes imaginar los mensajes que se leían allí. Casi todos eran de chicos buscando chicas para pasar un buen rato.

Mis ojos se abrieron como platos, y una sonrisita pícara se me dibujó en el rostro. Estuve un buen rato leyendo mensajes, riéndome de lo que decían, hasta que vi uno que me llamó mucho la atención.

"Chico joven 25cm busca chica para sexo por móvil y cambiar fotos. 6XXXXXXXX".

Apunté rápidamente su número y suspiré. ¿Estaría bien que le mandara un mensaje? ¿Me haría caso?
Me daba un poco de reparo y vergüenza, sobre todo porque nunca había hecho algo parecido y no sabía muy bien qué debía hacer o decir. Me preocupaba que el chico se riera de mí o peor aún, me rechazara.

Sacudí la cabeza y cogí aire.

"Va, venga Chloe. Tampoco tienes que hacer nada si no quieres, prueba y si no te gusta pues dejas de contestar. No puede pasar nada malo."

Decidida empecé a escribirle un mensaje al chico desconocido:

"Hola, he leído tu mensaje en el chat. ¿Así que 25 cm? Eres muy bajito, ¿no?" - Y pulsé en enviar.

Obviamente, sabía que no estaba hablando de su estatura, pero no tenía ni idea de cómo empezar la conversación y decidí optar por "hacer la gracia", lo mejor fue que había funcionado.

"Hola cielo eres muy graciosa, ¿quieres ver lo pequeña que es? La tengo muy dura".

- ¡Oh, Dios mío! - Pensé.

La verdad es que me moría de curiosidad, y el cosquilleo que empezó a recorrerme la entrepierna me gritaba que dijera que sí.

Empecé a escribir el mensaje pero no hizo falta acabar, ya que de repente, mi primer mms había entrado. Allí estaba, un clic para abrirlo y tendría una polla frente a mi cara, aunque solo fuera de manera virtual.

- Madre mía...

Si que era grande sí, y sin entender por qué, noté como mi sexo empezaba a palpitar. Bajé mi mano un segundo y efectivamente, aquello empezaba a estar muy húmedo. Había llegado el momento de tener mi primera experiencia sexual virtual. Tan sólo tenía que dejarme llevar y cuando no supiera qué decir, lo único que tenía que hacer era responder con un "Estoy muy cachonda, sigue. Dime que me harías".

Había muchas cosas que no sabía pero sí que sabía una: nunca se duerme mejor, que después de tener un buen orgasmo.


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